Las abejas trabajan con sumo afán sin importarles que al final de la jornada la miel le sea sustraída de los panales. Ellas simplemente continúan haciendo lo que deben hacer con la máxima dedicación de la que son capaces.
Sigue adelante, entrega siempre tus dones. Está claro que habrá gente que tratará de quitarte lo que ofreces al mundo sin otorgarle el valor que merece, pero eso no debe detenerte. Las actitudes abusivas e invasoras de los demás no son tu responsabilidad. Tú no eres el apicultor, sino la abeja.
Entrégale al mundo tu miel...
Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevar nada contigo de lo que has recibido, solamente lo que has dado: el amor, un corazón enriquecido por el servicio, el sacrificio y el valor, pero sobre todo el amor.
Para ti que me escuchas, sé como la abeja.
La Voz del Invisible