miércoles, 10 de agosto de 2011

LA VOZ...

Yo soy la última palabra,
soy la voz libre de la mañana.

Escúcheme bien Santo padre,
que no es un mandamiento nuevo,
y mi palabra es la verdad,
porque verdad sólo hay una
y el sufrimiento está en la calle,
pero no en la calle que usted pisa,
porque le recuerdo que usted pisa en la riqueza.
Y con una bandera bien agarrada
y tan negra como mi alma
llenarán con su nombre nuestro suelo consumido.
Que fervor acompañar al Nazareno
y que Él nos recuerde a todos esos niños
muertos en Tierras profanas.
Madrid, 80 millones, visita el Santo padre, nos comemos la dignidad.
El paro se consume en la puerta del sol, porque el sol está muerto y sale por el infierno.
Cordobeses y andaluces rodeando
un lugar privilegiado, y llenándose de luz.
Ay, y en Somalia y África nuestros hermanos
sin corazón pisan las huellas de muerte,
cada pensamiento que los lleva al cementerio de las flores,
y en la puerta del Vaticano, que se ponga un parao rezándole a la Virgen de los dolores.
Y a los que son cristianos y critican a la mafia,
que los pongan a todos juntitos con las banderas de España.
Y ante las puertas del cielo, en los ladrillos del sepulcro,
¡mi Padre verdadero, ay mi Padre bueno!,
su sangre y sus lágrimas brotan delante
de los que fueron con ellos.
Mi Padre verdadero, que se recuerde
a la gente que no tiene bebida,
a los que leen el evangelio,
a los que piden llorando,
y a los que viven tirados.
Que cuando llegue el papa,
si hay conciencia, honor y vergüenza
que esculpan en los ladrillos
de nuestra magnifica Tierra
todos los nombres y países que todavía reviven en su miseria,
ay Padre que pena, que no respiro al pensarlo,
que cuando llegue el papa,
si hay conciencia, honor y vergüenza,
que esculpan grabado a fuego
en las puertas de Tierra todos los crímenes
de los ladrones...
¡Ay mi Nazareno!
déjame quedarme contigo, a tu laíto,
no sé quien me dice la verdad y quien me engaña,
pero déjame quedarme contigo,
que Tú sí eres Santo y Padre,
lo veo en tus clavos,
en tus clavos y en tu cruz de dolor misionero...


                                                                          La Voz del Invisible

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